21 septiembre, 2022

Mi rinconcito

Luz tenue bajo la luna llena. Temperatura agradable, fresca, ni frío ni calor. Calles transitadas, ocupadas por la gente, en la que los coches dejan de ser los protagonistas (de vez en cuando). Los numerosos edificios impiden la visión a larga distancia. ¿Qué puede ser mejor que un agradable paseo nocturno en barca por el Sena? 

Son las 22:00, hora punta. La torre Eiffel comienza a parpadear, haciéndose notar (todavía más) con sus incansables destellos amarillentos. La imagen se prolonga sobre la superficie del agua, quedando esta coronada por la blanca luna llena. Las 22:05, la torre Eiffel vuelve a vestirse con su elegante brillo uniforme.

Algunos llaman a París la ciudad del amor, sin embargo, yo prefiero considerarla una ciudad onírica. ¿Dónde podrías encontrar una unión tan buena entre el pasado y el presente? ¿Dónde podrías perderte y sentirte alguien completamente diferente? ¿Dónde podrías tener la oportunidad de apreciar monumentos de la humanidad (como es la Torre Eiffel) mientras navegas? Solo en un sitio sacado de los sueños más sorprendentes y surrealistas (que no quiero decir que sean malos sueños, sino todo lo contrario).



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