14 septiembre, 2022

Érase una vez...

un anónimo joven decidió convertirse en médico. Sí, así es, decidió gastar 6 años más de su valiosa vida estudiando. No eran suficientes los otros 18 años que había vivido bajo la sombra de aquellos enormes (e indiscutiblemente aburridos) libros de texto de diversas asignaturas. Asignaturas, de las cuáles no volvería a ver nada prácticamente nunca más a lo largo de su vida, ¿o acaso es útil al diagnosticar al paciente saber que el Magnesio (Mg) tiene una valencia de 2 cargas positivas?

Aunque al estudiante, le parecían interesantes algunas partes de esas asignaturas, estaba seguro que sus pacientes no le preguntarían acerca de los números complejos o de las leyes de Kepler, temas que, por cierto, no le gustaban. Y entonces, el aspirante a médico se preguntó:

-¿Qué sentido tiene aprender cosas a disgusto y obligados mientras hay un montón de cosas que me gustaría aprender y no conozco siquiera?  Y esa misma pregunta me la hago yo.






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